Es una enfermedad extraña.

Piensas que estas bien. Y cuando digo bien, quiero decir en paz contigo misma. Haciendo las cosas de la forma correcta, disfrutando momentos de soledad con tu cuerpo y con tu alma.

Sientes vitalidad, alegría de vivir, fusión con la naturaleza…

Y de pronto te llega la noticia. Y es como si se te hubiera metido una brizna en el ojo, que no puedes sacarte.

Te dicen que hay unas células en tu cuerpo que se han rebelado contra ti. Una parte de ti misma que te está haciendo daño. Y que hay que romper tu cuerpo para sacarlas. Y que van a ametrallar sin piedad no solo a esas células rebeldes, sino a todas las que estén cerca.

Que vas a sentirte cansada, que vas a perder energía y que tu cuerpo va a sentir dolor.

Y tienes que prepararte para eso. Y quizás para algo más, porque todo es incierto. Los días que están por venir, de pronto, se cubren de niebla y te invade la tristeza.

Quieres ser positiva y continuar entera y llena de fuerza para enfrentarte a lo desconocido. Porque aunque hay muchas personas que lo viven cada día y te cuentan su experiencia, para ti es como un monstruo horrible de las historias que te contaban de niña.

Allá voy, monstruo maldito, voy a cruzar ese bosque lleno de espinas y espero salir reforzada y con una sonrisa.