Este artículo también podría titularse: «Conexión papá».

Ayer, hablando con una amiga que hacía tiempo que no veía, le hablé de mi padre. De cómo le admiraba y lo inteligente que era. Y cómo un día el Alzheimer me lo quitó. Al menos, me quitó esa parte de mi padre que de niña me explicaba los problemas de matemáticas de forma diferente de como lo hacían los profesores en la escuela. Porque utilizaba la lógica, que siempre me sirvió después en mi vida.

Y esta noche, desvelada, recordé como un día, hablando con mi padre, yo adulta ya y él tocado por esa triste enfermedad, le preguntaba: ¿Recuerdas, papá, que de niña me decías que aquello que deseara de verdad se cumpliría? Mi padre me respondió que lo había olvidado. Me sentí triste al comprobar que se pudiera uno olvidar de algo tan importante. De un principio poderoso que seguramente había regido su vida y que, gracias a él, era muy importante en la mía.

Esta noche, recordando, me dió por utilizar las matemáticas, en concreto las ecuaciones, para entender ese concepto de los deseos cumplidos.

Desear algo, no siempre es tan simple. A veces crees que deseas algo, pero si tus ideas no están claras, la magia no ocurre. Desear algo significa cambiar cosas. Y a veces en una red de acontecimientos o de realidades o de pensamientos es difícil cambiar algo sin alterar lo que le rodea. ¿Realmente nuestro deseo está claro? ¿O tenemos que llegar a el a través de una sucesión de cambios que no siempre estamos dispuestos a realizar?

La palabra clave en la frase «Si realmente deseas algo, tu deseo se cumplirá» es REALMENTE.

¡Piénsalo!!

Nunca supe para qué me servirían en la vida las ecuaciones y lo acabo de descubrir. Para desear algo REALMENTE, primero hay que despejar la incógnita x y ver claramente tu deseo. Así se cumplirá.

Hacía mucho tiempo que no pensaba en las ecuaciones y a partir de una conversación y una noche de desvelo, aparecieron mi padre, las matemáticas y los deseos.

Gracias papá, allí donde estés 😘